OPINION
Por: Roberto Ávila
El Partido Socialista ha convocado a un Congreso General para fines de
marzo. La interrogante es si este evento contribuirá a la solución de
los muchos problemas que enfrenta la organización, o bien, se
convertirá en sí mismo en otro problema que agrave los ya existentes,
que no son pocos ni menores. Hay fuertes indicios que la balanza
pudiera cargarse para esta última opción.
Primero, que un partido autodefinido como de los trabajadores manuales
e intelectuales y de quienes llevan adelante emprendimientos, en el
marco de lo que llamamos PYME, celebre su congreso en las termas de
Panimávida, placentero lugar de recreación de las clases pudientes
chilenas, a un costo de no menos de $ 140 millones sólo por concepto
de hotelería, es cosa que no pasa siquiera el examen de la estética
política. Sobre todo cuando se podría realizar el torneo en
Valparaíso, dando mayor realce al centenario del natalicio del
Presidente Salvador Allende, originario de ese puerto.
Segundo, la participación de un número de delegados levemente superior
a los 400, reduce significativamente la participación de una
organización con más de 100 mil afiliados. Los problemas de un partido
y un gobierno democrático se resuelven con más democracia y no al
revés. El ensimismamiento es un síntoma inequívoco de la decadencia.
Tercero, el hecho de que se hayan ingresado cerca de 10 mil
fichas/militantes nuevos en los últimos meses, situación que contrasta
vivamente con la caída de la popularidad y convocatoria de los
partidos, induce a pensar que la motivación de los nuevos afiliados no
es precisamente una lucha heroica y fervorosa por la construcción del
socialismo en Chile. Más bien es el ingreso masivo de las prácticas
clientelistas a la organización partidaria.
Los problemas del PS son graves.
Su colaboración institucional con la administración del
neoliberalismo, salvo algunas oposiciones en la estructura interna y
en el parlamento, se ha desplegado en intensidad no conocida hasta
ahora.
Institucionalmente el PS apoyó el proyecto de depreciación acelerada
que no era sino aumentarles las ganancias a las grandes empresas y
empresarios chilenos, entre ellos, Sebastián Piñera. Sólo Carlos
Ominami se opuso y recibió una verdadera campaña de ataques. Incluso,
recibió ataques que se fundamentaron en argumentos de la dictadura y
que, de paso, se constituyeron en descalificación histórica a Carlos
Altamirano y a toda su generación, quienes llevaron al socialismo a su
lugar más alto en sus 72 años de historia.
Se ha llegado a un acuerdo con la derecha que consolida el modelo
educacional de la dictadura en sus conceptos fundamentales, lucro
incluido. La foto del presidente socialista con las manos unidas y en
alto graficando el esfuerzo común con el presidente de Renovación
Nacional, lo refrenda todo.
Esta alianza con la derecha en un tema clave para la sociedad pasó por
encima de los expresos acuerdos del último Consejo General del
Partido, que definió la postura socialista en pos de una educación
pública, estatal, democrática, laica y gratuita. Se dice que un
llamado telefónico de la Presidenta habría convencido a la Comisión
Política del PS. Si esto fuera así, el PS habría renunciado a su
autonomía y alcanzado idéntica relación con el gobierno que la que
tenía el Partido Socialista Unificado de Alemania (PSUA) con el
gobierno de Honecker.
Una de las críticas más certeras de la renovación a los socialismos
reales era precisamente la identificación de estado/partido/gobierno.
¿Qué quedará de estos conceptos democratizadores en los renovados de
ayer que participan en la actual conducción?
La Juventud Socialista reclutó un buen número de jóvenes al calor de
la revolución pingüina, la actual conducción de su partido claramente
no coincide con ellos.
No sería en todo caso, la situación antes dicha, de apoyar la
educación como negocio lucrativo, contradictoria con lo que la actual
mesa del PS promueve; la incondicionalidad al gobierno. La aplicación
rigurosa de esa tesis obliga a absurdos tales apoyar lo hecho en
Transantiago, por ejemplo.
Carlos Altamirano definió al gobierno del Presidente Lagos como de
centroderecha, el actual gobierno no ha roto con tales concepciones,
sólo que muestra mayor desprolijidad y menos capacidad de gestión.
El PS ha consolidado una suerte de nomenclatura que ha petrificado la
participación. Así desde los cargos ministeriales y la mesa partidaria
hasta los de concejales y regionales en la estructura interna, se
muestran en general impermeables a la promoción de cuadros nuevos.
Esto último sólo puede producirse a través de un padrinazgo que, en
tanto tal, minimiza lo político y fortalece el clientelismo.
Esta clientela está dispuesta a respaldar el que se pueda ser
dirigente partidario del más alto nivel simultáneamente con cargos
directivos en empresas con relaciones más que conflictivas con el
estado y/o su clientela cautiva como Transantiago, AFP o las
eléctricas.
La institucionalidad partidaria se debilita sensiblemente y así el
Tribunal Supremo lo encabeza la ex secretaria del ex ministro Carlos
Cruz mientas éste fungió como Ministro de Obras Públicas. Se sanciona
a un concejal por denunciar corrupción consistente en intervención
electoral en un municipio.
En el Congreso de Concepción de 1997 el PS resolvió que ninguno de sus
mandatarios, senadores/diputado/alcaldes/concejales/ podía repetirse
de allí en adelante por más de dos veces en el cargo. Todo indica que
esta norma será ignorada o derogada. Lo concreto es que el PS niega el
espacio a los pocos jóvenes que, con nobleza de propósitos, aún
concurren a sus filas. ¿Se puede ser senador por treinta años? Creo
que éticamente no, las profesiones son otras, médico, ingeniero,
abogado no senador, diputado, alcalde o concejal.
Esto no es distinto a lo que pasa en el conjunto del país, donde
familias se entronizan en los cargos públicos repartiéndolos como si
fueran títulos nobiliarios.
La confianza partidaria se extingue a ojos vistas. Así, el senador
Navarro es injustamente acusado por la derecha ante el Tribunal
Constitucional y la prensa informa que hay dos dirigentes que se
disputan el cargo, por el cual nada hicieron, si quedara vacante. Se
dan los nombres, pero nadie desmiente.
Ensoberbecidos en el ejercicio necesariamente transitorio de cargos
estatales, se desprecia a quienes piensan distinto. Un artículo
aparecido hace algunas semanas señalaba, por ejemplo, que la Mesa de
Izquierda que agrupa la disidencia más dura del socialismo carecía de
densidad política. Olvidaba el columnista que la conducción de dicha
instancia tiene siete u ocho académicos de las universidades más
prestigiosas del país, situación que se encuentra en las antípodas de
otras instancias del máximo poder partidario.
El dirigente histórico del socialismo Jorge Arrate ha venido
catalizando el descontento y promoviendo unir fuerzas en torno a un
proyecto que asuma que el ciclo de la Concertación como concluido. La
Concertación hizo grandes cosas por el país y otras importantes y
urgentes, como la exclusión y la desigualdad, quedaron para nuevas
agrupaciones y realidades políticas. Allende volverá.