OPINION
¿De país modelo en lo económico se está cayendo a paraíso de la delincuencia? Eso, al menos, transmiten sus principales medios.
Por: Julio Frank Salgado
“Chilenos señalan que delincuencia es el principal problema del país”, fue el titular del diario El Mercurio el jueves pasado, el que destacaba nuevamente una encuesta sobre seguridad ciudadana como noticia principal de portada. “Chilevisión dedica el 51,3% de su noticiario central a la violencia”, había titulado días antes La Nación basándose en un estudio por encargo, dando a entender que los hechos delictuales eran amplificados artificialmente por el efecto “mediático”.
¿A cuál creer?
El Mercurio, el periódico más antiguo y la mayor empresa periodística chilena, ha liderado en los últimos años una persistente campaña de denuncias sobre el aumento de la delincuencia común, en especial los asaltos a viviendas particulares y locales comerciales. En 1992, fue uno de los impulsores de la Fundación Paz Ciudadana, organización de derecho privado que divulga periódicamente estadísticas delictuales y estudios sobre la percepción de la comunidad al respecto. Además, participa en una alianza con la empresa de investigación de mercado y opinión pública Opina, que emite informes y proyecciones políticas y sociales. Algo similar realiza el diario La Tercera, el mayor del segundo grupo periodístico del país, Copesa, que también difunde regularmente encuestas en alianza con la consultora Feedback.
Si a ambos consorcios –a los que muchos llaman oligopolio- se suma los noticiarios de todos los canales de la televisión abierta chilena de cobertura nacional, en los cuales las informaciones del sector policial mantienen una presencia predominante, se puede entender que la opinión pública está informada muy eficientemente sobre ese flagelo social o bien, como sostienen los sectores discrepantes, está confundida por el impacto comunicacional que generan los medios más poderosos, tanto impresos como audiovisuales, con un fin más bien distractivo de otros problemas nacionales.
En el lado disidente sólo aparecen el diario gobiernista La Nación y un par de radioemisoras FM de moderado progresismo, en una posición coincidente con la del gobierno, que desde el pasado período de Ricardo Lagos viene quejándose de una supuesta desproporción entre los delitos detectados y el espacio que se les otorga en noticiarios y periódicos.
Mal parados
Ahora bien, ¿qué sector puede esgrimir credibilidad suficiente como para pretender ganarse a la opinión pública en este tema (y en otros)? En épocas pasadas, el gobierno, confrontado con la prensa en este tipo de materias, no habría salido bien parado. Pero hoy, en Chile, el resultado no está del todo claro. El caso más emblemático es el de El Mercurio. El decano de la prensa chilena ha conservado su indiscutido liderazgo político y mediático, pero ya no puede disimular las manchas en su historia reciente, como el apoyo a un golpe de Estado sangriento y a un régimen dictatorial, su fortuita salvada de la quiebra mediante el auxilio de éste y, recientemente, la sanción ética a dos de sus periodistas más connotados de ese período (René Silva Espejo y Fernando Díaz Palma).
Respecto de la televisión, si bien ésta se ha abierto editorialmente y sigue siendo el medio por el cual se informa una inmensa mayoría de chilenos, cuesta pensar que la teleaudiencia esté feliz viendo tanto hecho policial sin contexto y espectáculo deportivo, como si todo lo que ocurre en el país fuese obra de magia y no de seres humanos plenamente identificables.
Si tanto se denuncia, ¿por qué no se investiga el fondo del problema y se revela soluciones más allá del simple aumento de la dotación policial y la estrictez judicial? A estas alturas del partido, con tantos diagnósticos especializados coincidentes y una dolorosa experiencia política como nación, nadie con mediano juicio puede temer a una delincuencia surgida de la nada y a delincuentes poco menos que extraterrestres. En contrario, ésta tiene sus raíces en algo muy real, que anda mal en la sociedad como conjunto y que merece tanto o más preocupación, como son la extrema pobreza y la desigualdad social. Lamentablemente, los grandes medios evitan calar hondo, convencidos de que con lo que ya hacen tienen asegurada la credibilidad pública.
Al lado de eso, hasta el gobierno es más creíble.
J.F.S.
http://julchusonline.blogspot.com