OPINION
Sergio Poblete Garcés
LA GRAN REBELDÍA DEL GENERAL
Por: Miguel Angel San Martín, Madrid - España
Especial para: www.elclarin.cl
No sé si este hecho ha sido muy comentado en Chile, pero para mi ha sido un gesto de gran rebeldía nacido de las entrañas mismas de un hombre íntegro.
Transcurría el marzo de primavera en Chile. La naturaleza se aliaba con los hechos históricos que se vivían: Lagos se iba en los brazos agradecidos del pueblo. Michelle llegaba en los brazos de la ilusión de ese mismo pueblo. Todo era fiesta. En Valparaíso, una ceremonia plagada de lágrimas. En la carretera hacia Santiago, carreras nerviosas y preparativos de última hora sobre un escenario modesto de Casablanca. En un rincón de ese escenario, un anciano estaba sentado, bajo el sol, con la mirada puesta en el horizonte de los recuerdos. Su mostacho canoso se movía de un lado a otro, como para que se interpretara que estaba diciendo para su interior una oración especial con destino a los que ya no están. De pronto, carreras, gritos y una banda de pueblo que rompe en una versión distinta del Himno Nacional, una versión que llega al alma. Michelle Bachelet, con la banda presidencial terciada sube al escenario y se encuentra frente a frente con este anciano. Un abrazo largo, largo, profundo, silencioso para dejar hablar solamente a los corazones. Creo que ha sido la unica vez que he visto derramar unas lágrimas a la rubia de las gafas permanentes y la sonrisa generosa.
"¿Quien es ese anciano que abraza emocionado a la Presidenta?", se pregunta en voz alta la periodista de la televisión. Claro, ella es joven y no conoce la Historia Grande y reciente de Chile.
Sergio Poblete Garcés, ex General de la FACH, ingeniero aeronáutico por la Universidad de Yale (USA), que fuera Jefe de la Misión Aérea de Chile en Washington, ex-Director de la Escuela de Ingenieros y de la Academia Politécnica Aeronáutica, con 85 años de edad, volvía a nuestro Chile tras un exilio de 30 años. En 1973, el destacado oficial fue encarcelado y torturado por los que habían sido sus compañeros de armas. En sus brazos murió el también General de Aviación Alberto Bachelet, padre de la hoy primera mujer que gobierna Chile. Por eso, en ese abrazo silencioso sobre un escenario de pueblo, se resumieron años de lejanía, de ausencia, de recuerdos, de dolor...
Sergio Poblete Garcés, a quien la dictadura militar privó de su nacionalidad mediante el Decreto 515 de 1977 firmado por todos los ministros del régimen, con Pinochet a la cabeza, volvía a Chile invitado por la hija de su amigo y compañero, regresaba envuelto en ese abrazo que Michelle entregaba en nombre de todos los chilenos de bien.
Más tarde, siguiendo el programa que nos prepararon a los "Invitados Especiales", el centenar largo internacional fuimos congregados en el Salón Montt-Varas del Palacio de La Moneda. Estabamos apretujados en el bello salón, donde se había puesto un pequeño escenario, con un micrófono, bajo el espectacular retrato de Manuel Montt. Un bandera chilena, con escudo bordado en el centro, complementaba la puesta en escena. Desde allí, la Presidenta iba a dirigir un saludo especial a los representantes de los diversos países presentes en la ceremonia. Un pequeño revuelo y un pasillo que se abre espontáneo: el anciano ex-General Poblete, acompañado de su hija, era llevado hasta un costado del escenario y sentado en una silla especialmente llevada para él. Y esperó con nosotros, siempre en silencio, con el mostacho blanco moviendose como en muda oración.
Otro revuelo, este más escandaloso promovido por los escoltas, anunciaba la llegada de Michelle.
La rubia cabellera se hizo nítida cuando subiò al pequeño escenario. La sonrisa se apagó un instante y comenzó un breve mensaje al mundo. Serio, profundo y contundente, el mensaje terminó con un tierno recuerdo a su padre, sintetizado en una alusión al General Poblete. Entre el aplauso -casi ovación- de los presentes, Michelle volvió a abrazar al anciano ex-oficial y de nuevo brillaron sus ojos detras del cristal de sus gafas.
Inició Michelle su salida prácticamente en volandas de sus escoltas y asesores. El apretado programa de festejos marchaba con algún retraso. El centenar largo de invitados comenzamos a salir del salón con destino al patio de Los Naranjos. Miré hacia atras y vi que el General Poblete se quedaba en su sitio, sin mover un músculo, rodeado de un pequeño grupo de amigos y ex-compañeros de armas y de sufrimientos. Me quedé también, discretamente, en las cercanías. De pronto y cuando Michelle todavía no terminaba de salir del salón, Sergio Poblete Garcés levantó su puño izquierdo y, con voz firme, comenzó a cantar La Internacional Socialista. Su voz resonó extraña en aquellos salones. Los retratos de las paredes hicieron un gesto de extrañeza. Los muros del viejo edificio temblaron recordando aquel 11 de septiembre, cuando se escribió allí una página heroica de resistencia constitucional.
A la voz del General se unieron las otras voces, todas mayores, todas gastadas, pero con la convicción de que se estaba lanzando un grito de rebeldía, un desahogo profundo. Que se le estaba poniendo voz y letra a los recuerdos. No le vi la cara a Michelle, pero seguro que los ojos le brillaron en la intimidad más aún mientras caminaba ya hacia el Patio de Los Naranjos.
Fue el gesto de rebeldía del General, del amigo, del compañero. Entonces comprendí que cuando movía su mostacho blanco estaba repasando en silencio la letra de la Internacional, para que no se le olvidara en el momento del gesto enorme que aún perdura en mis oídos y en mi conciencia.