Por: Julio Frank Salgado
Navidad es hoy sinónimo de regalos. De todo tipo, tamaño y valor comercial. El lado occidental del globo pareciera girar más rápidamente en esta fecha al ritmo de las compras y ventas de presentes.
El homenajeado, sin embargo, nació en un establo y no tuvo bienes ni preocupaciones materiales. Tiene que haber sido Dios; de otra manera no se explica que haya sobrevivido al avance de una civilización terrena. Más aún, después de la tarea nada fácil que le dejó.
A modo de ejemplo, según el evangelista Lucas:
“Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian” (6, 27-28).
“Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas veces vuelve a ti diciendo ‘me arrepiento’, le perdonarás” (17, 3-4).
“Ya sabes los mandamientos: no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no darás falso testimonio, honrarás a tu padre y a tu madre” (18, 20).
“Estad atentos y guardaos de toda avaricia, pues aunque uno abunde en bienes, su vida no depende de aquello que posee” (12, 15).
“Ningún criado puede servir a dos señores, pues odiará a uno y amará al otro, o bien se allegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y las riquezas” (16, 13).
“Los reyes de las naciones las dominan y los que tienen potestad sobre ellas reciben el nombre de bienhechores. Pero vosotros no seáis así, sino que el mayor entre vosotros sea como el menor y el que manda, como el que sirve” (22, 25-26).
“De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si se pierde a sí mismo o sufre algún daño” (9, 25).
“Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios; bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seráis saciados; bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis’ (6, 20-21)”.
¿Estaremos a la altura de ese mandato? Al menos, no nos menospreciemos.
Feliz Navidad.
J.F.S.