Por: Arturo Alejandro Muñoz
Coltauco, Chile.
Es llamativo observar cómo alguna prensa mueve sus tentáculos e influencias para privilegiar -supuestamente en secreto- a ciertos candidatos a cualquier cosa, siempre que ellos sean obsecuentes defensores de los intereses de los patrones de esa prensa y de él mismo. Mas, los tiempos impiden que prosperen en sus propósitos.
En muchas oportunidades la fórmula ideada atraviesa por la ironía, el humor y hasta la farandulización del quehacer del propio candidato. Para esos medios todo sirve. Incluso la grotesca simulación de un periódico jaranero e irreverente. Como los de antaño, pero con menos calidad y ausencia de ingenio.
En nuestra propia Historia -a mediados y fines del siglo XIX- podemos encontrar magníficos ejemplos de lo dicho. Diego Portales, ministro reconocidamente tiránico, adusto y de genio ligero, fue uno de los más conspicuos representantes del 'periodismo satírico y políticamente hiriente', ya que creó, dirigió y escribió sin conmiseraciones (aunque siempre bajo seudónimos) en medios panfletarios con los que respondía, sarcástico, ataques provenientes de otros medios en manos de sus adversarios. Uno de esos seudo periódicos fue 'El Canalla'. ¡¡Qué titulo!!
Hubo más representantes, claro que sí. Otros que hicieron de sus plumas envenenadas verdaderos elementos de destrucción. Eran los liberales republicanos, esos mismos que lucharon contra la Armada y el ultramontanismo que derrocó a Balmaceda. Con el suicidio del Presidente José Manuel murió también la temática festina. Los periodistas abandonaron los intentos -sus vidas pendían del humor que distinguía en cada jornada a los nuevos mandatarios conservadores- dejando el campo desierto. Fue entonces que los literatos recogieron el guante para responder a los desafíos. Así se mantuvo el escenario durante medio siglo, hasta que irrumpió la revista 'Topaze' bajo la dirección del genial Coke.
Sin embargo, una vez que el siglo veinte cruzó la barrera de los 50 años, las linotipias multiplicaron el aporte de nuevos integrantes, los que pertenecían a partidos que se situaban en la ribera izquierda del río político. Fue la mejor época del periodismo-denuncia. Los años dorados en que surgieron los más grandes e inolvidables exponentes de una prensa punzante, satírica, irreverente e inigualable. 'Clarín', 'Puro Chile', 'El Tercer Reich', 'Cabro chico', etc., etc., coparon la banca y el juego de la ironía ataviada de periodismo conquistó corazones y remeció conciencias.
Hoy, lo anterior parece sólo una emotiva remembranza de cuestiones lejanas, que alguna vez poseímos y nos distinguieron en el vecindario latinoamericano cuando Chile era verdaderamente el democrático asilo contra la opresión. Pero, todo aquello se perdió merced a situaciones deleznables. Primero fue el bestial y genocida golpe de estado; luego, la monserga inaceptable de 'la justicia en la medida de lo posible'; más tarde debimos 'bancarnos' las desigualdades estentóreas aceptando a regañadientes aquella falacia de 'las instituciones funcionan'. ¿Mañana que será?
'Será lo que será', cantó una vez José Feliciano. Y lo que es, lo que está y lo que conocemos, trátase simplemente de una política gubernamental basada en el oscurantismo mediático, ese que cobija con mantos de discutible legalidad a quienes poseen autorización oficial para quebrantar las leyes que ellos mismos han redactado, y que por supuesto no deben, no pueden, ser mencionados por ninguna prensa cuando se les sorprende en actividades reñidas con los intereses de la nación. Es el momento de esplendor de la 'politocracia oligárquica', fórmula acordada con los vástagos del dictador por los actuales mandantes 'democráticos' y de tal laya sólida que es resguardada, inspeccionada, evaluada, punida y recompensada por los dueños de la institucionalidad económico-financiera que administra el país desde las corporaciones que lo han comprado. En esta nueva sociedad anónima que es Chile, el 99% de las acciones está en manos de sólo el 7% de los interesados. El resto, a obedecer y aplaudir, con la 'sonrisa del cagado'.
Pero, aún no se ha inventado la forma de apañar ideas entre las manos y ahogarlas hasta que fenezcan, como tampoco existe manera de guillotinar la ironía popular evitando su circulación de esquina en esquina y de plaza en plaza. Siempre, siempre, siempre la voluntad inquebrantable del pueblo crea un resquicio por donde se cuelan soplos libertarios que bien pueden alcanzar el nivel de tormenta. En esta época de prohibiciones, resguardos y proteccionismos oficiales para salvaguardar los intereses de los sempiternos dueños de la república (¿?), desde el exterior nos llegó la fisura requerida. Se llama Internet.
Diarios electrónicos, páginas web, blogs y hasta simples e-mail circulando libremente por el ciber espacio, han comenzado a constituirse en lecturas obligadas y referentes meridianamente válidos en materias de opinión política. ¿Cuántos lectores ha perdido la 'prensa seria' estos últimos años? Puedo asegurar que el número supera con creces al guarismo de afiliados que las Isapres han visto partir hacia Fonasa en estos meses. Y multiplicado por ciento treinta.
Lo anterior es ciertamente un problema insoluble para cualquier gobierno. Ya nada podrá quedar oculto bajo la alfombra. Los festinadores de antaño empalidecen frente a las nuevas sátiras de desconocidos 'navegantes', y las autoridades deben esconder las cabezas para que no les salpique el estiércol lanzado desde mil puntos distintos. Pero ello amenaza…¿a quiénes? No a todos, únicamente a ciertos distinguidos prohombres.
Sólo un mínimo y escuálido porcentaje de la población debe preocuparse e intentar un cambio de actitud. Sátrapas, pedófilos, nepotistas, ladrones, encubridores, cómplices, vagos, mentirosos, veleidosos, soberbios, demagogos, incapaces, flojos, intocables, frescos, caras pétreas, señorones, paniaguados, pusilánimes, obsecuentes, prevaricadores, ignorantes y hasta los simples aprovechadores (creo que he entregado todos los calificativos con que yo distingo a nuestra actual clase política), ven con horror que les será imposible escabullirse a la crítica pública emanada desde el ciber espacio.
Ya no necesitamos editar un panfleto como 'El Canalla' ni publicar revistas como 'Topaze'. Con el internet nos basta y nos sobra.
Publicado en Australia por:
Prensa RSF Australia